



Las primeras referencias históricas sobre su cultivo se encuentran en la Antigua Roma, donde se cultivaban como plantas ornamentales o frutos de mesa. La palabra fresa deriva del nombre Freizer, ingeniero francés que llevó el fruto de Chile a Europa. Actualmente, la universidad de California tiene como tradición investigar y generar genéticamente nuevas variedades de fresa o fresones que dominan el mercado.
Por ser una planta híbrida, su reproducción por semilla puede resultar complicada. Por este motivo se recomienda que su propagación se realice a través de estolones y coronas; este método permite un desarrollo vegetativo rápido y seguro.
Aunque la fresa puede vivir mucho tiempo, se recomienda explotarla únicamente los primeros dos años de vida, pues a mayor edad su susceptibilidad a plagas aumenta y su producción disminuye.
Se pueden sembrar en cualquier época del año, pero por lo general se hace en los primeros meses de la época lluviosa (mayo, junio y julio); para obtener la producción en los primeros meses de la época seca (noviembre/diciembre), esto con la finalidad de evitar enfermedades y producciones deficientes.
Los días largos (más de 12 horas de luz) provocan crecimiento vegetativo en exceso, las bajas temperaturas y días cortos inducen la floración. La fresa requiere un pH de 5.5 a 6.5 y una profundidad en el sustrato de 15 cm.
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